Noticia: El 'boom' urbanístico llega a 31 pequeños pueblos, que duplicarán el número de casas
Si clavamos la punta de un compás en el plano de Vitoria y trazamos un círculo de veinte kilómetros de radio, aparecen una treintena de pueblos diminutos que han doblado el número de casas o están a punto de hacerlo. El 'boom' urbanístico ha llegado a los tranquilos Zurbano, Mendiola o Lasarte, que han terminado por sucumbir a la fiebre del adosado. En 18 de ellos, 710 viviendas están ya construidas o a punto de ser rematadas. En otros 13, los constructores ultiman los trámites previos a las obras para meter las excavadoras y levantar otras 342. Salvo algunas promociones en ambos extremos de la provincia, como las de Ilarduya y Puentelarrá, la mayor parte están dentro de la zona de influencia de Vitoria. De hecho, la mitad de estos núcleos que doblarán sus viviendas, y previsiblemente su población, se ubican dentro de su término municipal. La buena noticia para el vecino de toda la vida es que su discreto pueblo no crecerá más. La ley dice que este tipo de localidades no pueden expandirse más del doble. La excepción son las cabeceras de comarca a las que se les permite unos planes más ambiciosos. Ha ocurrido en Nanclares o Salvatierra, sin olvidar el llamativo caso de Alegría, que ya ha multiplicado por dos sus tejados y ahora acaba de aprobar un plan para sumar otras 1.100 viviendas a las 900 existentes. 'Un claro indicador de que el modelo territorial que está ocupando Álava es insostenible', critica el sindicato agrario de la UAGA. Pero mientras agentes sociales como esta central censuran este tipo de crecimiento 'que supone el despilfarro de recursos naturales y un desprecio absoluto de la tierra fértil', crece la demanda de vitorianos que desean vivir en el campo, pero lejos de las urbanizaciones 'colmena', cuyo ejemplo más representativo es la levantada hace una década en La Puebla de Arganzón (Treviño). Agentes inmobiliarios como Jaime Rubias coinciden en que este nuevo tipo de comprador 'desea un inmueble para disfrutar de tranquilidad, y estima que siempre la tendrá más asegurada en poblaciones pequeñas con límites de crecimiento, por eso se apresura a lograr una casa antes de que se agote el cupo'. También es cierto que en estas aldeas aisladas y más alejadas de la capital otro gancho fundamental es el precio. Sobre todo, si lo que busca es una residencia habitual alternativa a un piso. Aún es posible encontrar chalecitos o adosados por debajo de 300.000 euros. No pasa lo mismo en Alegría o Nanclares, donde un unifamiliar 'cuesta ya igual que una vivienda media en Vitoria', según Rubias. Por término medio, el coste mínimo del suelo para un adosado es de 100.000 euros. La edificación supone otros 150.000, por lo que los promotores indican que el precio más habitual se sitúa en 360.000, sesenta millones de las antiguas pesetas. Millón arriba o abajo, el debate está servido entre los alcaldes que apuestan por favorecer este tipo de construcciones para corregir el declive demográfico de sus entidades menores, y los que insisten en poner puertas al campo. El nuevo regidor de Asparrena, Diego Gastañares, de Aralar, desdramatiza los datos. 'Con núcleos de una decena de casas, la mínima promoción supone doblar, y eso no debería alarmar'. El socialista Javier Martínez, alcalde de Iruña de Oca, no lo ve así. Anuncia que hablará con sus concejos 'para que el próximo plan urbano del municipio incorpore un desarrollo más pausado de los pueblos'. Mientras, el Gobierno vasco esboza en sus documentos territoriales nuevas soluciones para estas zonas. Una de ellas es diseñar los polígonos urbanos con menos zonas de jardín y más adosados para consumir menos suelo sin rebajar el número de viviendas. |