Noticia: Una obra en Armiñón colapsa la N-1 y la AP-1 con más de 8 kilómetros de retenciones
Las obras de acondicionamiento de la calzada que la Diputación acomete en la N-1 a su paso por Armiñón volvieron a colapsar ayer un nudo de comunicaciones vital no sólo para la provincia, sino también para la conexión de la Meseta con la frontera francesa. A las retenciones registradas a última hora del lunes, motivadas por el corte de uno de los dos carriles, se sumaron ayer colas kilométricas en esta vía y en la vecina AP-1. El Departamento vasco de Interior no lo cuantificó, pero conductores profesionales midieron el atasco en ocho kilómetros, repletos de miles de conductores atrapados. La congestión originada fue de tal calibre que la empresa adjudicataria decidió acelerar al máximo los trabajos para rematarlos ayer mismo, en vez de mañana como estaba previsto. Al cierre de esta edición, los operarios daban los últimos retoques para abrir hoy los dos carriles. Desde primera hora de la mañana, varias unidades de la Ertzaintza controlaron el tráfico una vez pasado el peaje de Armiñón. Aquí, se formó un cuello de botella en el que confluyeron los vehículos que ya venían de la N-1, los procedentes de la AP-1 -la autopista de peaje de Burgos- y de la N-124, carretera que conduce a los municipios de la Rioja Alavesa. Si de por sí ya es complicado el tránsito por esta zona, las obras provocaron tal saturación que hubo conductores que aseguraron haber perdido 'una hora en la carretera'. Los problemas sólo se produjeron sentido Vitoria e Irún, es decir, que sólo afectaron a los vehículos procedentes del centro peninsular y de La Rioja. Para intentar paliar las retenciones, los responsables del centro de coordinación de tráfico activaron los paneles de información de la AP-1 para advertir a los conductores de que cogieran rutas alternativas para así evitar el paso por Armiñón. La recomendada, pese al rodeo, llevaba a la AP-68 (Bilbao-Zaragoza). De aquí, las opciones pasaban por coger las salidas de Pobes o la de Altube para de aquí llegar a Vitoria y poder enlazar con la autovía. Fue insuficiente. La incorporación de la AP-1 a la N-1 obligó a los agentes a establecer paros intermitentes para facilitar el acceso. Este tiempo de espera se tradujo en largas colas, más pronunciadas en la autopista. Llegaron hasta la plataforma logística de Arasur. Y es que la estratégica ubicación de Vitoria en las conexiones terrestres del norte peninsular hace que cada día unos 40.000 vehículos transiten a diario por la N-1 -un 30 por ciento es tráfico pesado-, de los que 11.000 se dirigen a la Rioja Alavesa. Descongestión viaria Pese a que pueda parecer lo contrario dado el parón estival, agosto es el mes en el que más afluencia de vehículos se registra a la altura del peaje de Armiñón -sobre todo, por la operación especial de salida y de retorno de vacaciones-. Según se desprende del último estudio de intensidades de tráfico del Departamento foral de Obras Públicas y Transportes, el pasado año se contabilizaron algo más 42.000 vehículos, unos 10.000 más que los registrados, por ejemplo, en febrero. Toda la zona está siendo objeto de una gran remodelación que culminará con la construcción de un tercer carril que descongestionará una vía excesivamente saturada. Además, se está ejecutando la reforma del tramo entre Armiñón y Miranda, cuya materialización hará que toda la N-1 se convierta en autovía a su paso por la provincia. |