Noticia: Un vendaval derriba una veintena de torres de alta tensión en Castilla-La Mancha
El fuerte temporal de viento que se registró el sábado derrumbó en Castilla-La Mancha una veintena de torres de alta tensión y arrancó varios árboles. En Madrid, el mismo fenómeno ocasionó el desprendimiento de una decena de planchas de chapa galvanizada del tejado del Hotel Chamartín. El vendaval procedente del sureste, que afectó en la madrugada y en la mañana del domingo a la mitad sur de la comunidad castellano manchega, fue especialmente fuerte en Velada (Toledo) donde la carretera N-502 estuvo cortada varias horas al precipitarse contra el suelo veinte torres de alta tensión de la línea que conecta la central nuclear de Almaraz (Cáceres) con Madrid. Con todo, este incidente sólo afectó a la subestación de Villaviciosa de Odón (Madrid). Una de las torretas se desplomó sobre esta carretera y a punto estuvo de provocar un accidente de tráfico mortal, ya que un vehículo llegó a estamparse contra los cables de electricidad desparramados sobre la calzada. Por suerte, los cables no llegaron a provocar descargas. El conductor de este coche, José Cepeda, que se dirigía junto a otra persona a Talavera de la Reina (Toledo), relató que 'sentí un golpe sin saber lo que pasaba y el coche se paró automáticamente'. 'Después -prosiguió- me di cuenta de que había chocado contra cables de alta tensión y que el coche estaba enredado en ellos'. Mientras, en Velada, sus 2.500 vecinos pasaron la madrugada del domingo retirando de las calles decenas de árboles que el viento había arrancado de raíz. Su alcalde, Andrés Gómez, confirmó que el vendaval tiró algunas naves agrícolas y varios muros. Gómez reconoció que 'aquí nunca habíamos visto una cosa parecida'. Sin trenes Los vientos huracanados ocasionaron, además, la interrupción de tres servicios ferroviarios en la línea Madrid-Jaén-Almería a la altura de Manzanares (Ciudad Real), al caer varias ramas sobre la catenaria. El viento favoreció la propagación de un incendio forestal presuntamente intencionado en el Cerro de Santa Ana, de Puertollano (Ciudad Real), que arrasó ocho hectáreas de monte bajo y olivares. En Madrid, el rápido acordonamiento de la calle por parte de los bomberos impidió que las planchas de acero del Hotel Chamartín, de unos 20 metros cuadrados, cayeran sobre viandantes y coches aparcados. Dos dotaciones de bomberos del Ayuntamiento se dedicaron a cortar y provocar la caída controlada de varias planchas que habían quedado colgadas y a asegurar las que había en la cubierta del hotel, con el fin de para evitar nuevos desprendimientos. |