Noticia: Familias de acogida de Castellón cuidan de 200 niños ucranianos y saharauis durante el verano
Un total de 191 niños de Ucrania y el Sáhara permanecen con familias de acogida durante los meses de verano en la provincia. De ellos, 122 son acogidos por familias asociadas la ONG Smara de Solidaridad y Ayuda al Pueblo Saharaui; otros 60 por la Asociación de niños de Ucrania de Castellón (Aniukcas), y nueve, por la asociación Ucrania 2000. En la Comunitat son casi un millar los menores acogidos por familias. Provienen de Ucrania, Rusia, el Sáhara Occidental y Bosnia. Todos los niños que se encuentran en la Comunitat con programas de acogida, cuentan con asistencia sanitaria durante su estancia y algunos de ellos han sido revisados por especialistas para intentar resolver sus problemas específicos de salud. Los principales problemas son la anemia, la caries, de visión y las infecciones, que se resuelven con facilidad durante su estancia en España. Los menores procedentes de Ucrania son principalmente de zonas cercanas a Chernobil, por lo que, según explica la presidenta de Aniukcas, Mercedes Martínez, 'es un programa para mejorar la salud de los niños'. Según la asociación, permanecer los meses de verano fuera del entorno contaminado permite a estos niños eliminar prácticamente la totalidad de la contaminación de su organismo. Para Pura Rodríguez, presidenta de la ONG Smara, estas vacaciones suponen para los menores 'una oportunidad para ver mundo', además de recibir asistencia médica, conocer mejor el idioma español, nuevas culturas y alimentarse bien. Tanto en Ucrania como en el Sáhara Occidental, uno de los principales problemas es el de la alimentación. En el país del Este muchos alimentos básicos todavía están contaminados por la radiación y dependen de otros países para adquirir productos libres de contaminación. En el Sáhara el principal problema es el desabastecimiento de agua y la falta de alimentos como la carne, el pescado y los lácteos. La adaptación de los niños suele ser muy rápida. En los saharauis, sobre todo en su primer año, la dificultad se encuentra en las diferencias del entorno entre su país de origen y éste. 'Ellos vienen del desierto y nunca han visto una ciudad, la cultura y las comidas son distintas y algunos no conocen el idioma', explicó Pura Rodríguez. Algo tan habitual como abrir un grifo, encender la luz o subir y bajar escaleras son grandes novedades para estos niños. Para resolver estas dificultades, tanto los programas de acogida de los niños ucranianos como los saharauis tienen monitores que actúan como intérpretes y que conocen a los niños y sus familias para poder resolver las incidencias que puedan surgir durante la acogida. La función de intérpretes es una de las más importantes de estas monitoras, ya que el no conocer el idioma hace que en ocasiones pueda haber malos entendidos entre las familias y el acogido. En el caso de los ucranianos, éstos aprenden rápidamente el idioma y son capaces de entenderse con sus padres de acogida en poco tiempo. Por otro lado, algunos saharauis aprenden en la escuela el español como segundo idioma, por lo que le es más fácil entenderse. La ONG Smara organiza, a lo largo de todo el verano numerosas actividades para que los menores jueguen entre ellos y las familias puedan intercambiar experiencias. Por ejemplo, van a parques acuáticos, dan paseos en barcos, salen a comer y visitan instituciones públicas. Ambas asociaciones afirman que prácticamente el único requisito para poder acoger a un menor, salvo tener tiempo libre para poder dedicárselo a ellos y que sean responsables. Según fuentes de Smara, el perfil más común de padres de acogida es el de una pareja con hijos, muchos de ellos mayores. En Aniukcas es un perfil similar, normalmente son matrimonios con hijos que ya son mayores y tienen mucho tiempo libre, aunque también hay recién casados y parejas sin hijos. Mercedes Martínez explica que 'ésta es la forma más bonita de ser solidario, ya que a cambio recibes el cariño y el agradecimiento de un niño. Las familias suelen acoger varios años a los mismos niños y mantienen el contacto a lo largo de los años. En el caso de Sáhara, las relaciones son un poco más difíciles, ya que no hay correspondencia. Sin embargo, dos veces al año organizan viajes para que los padres de acogida conozcan el entorno en el que viven los menores y conozcan a sus familias. Aniukcas también realiza todos los años viajes de este tipo. Ucrania y el Sáhara Occidental son países muy distintos y con problemas y entornos muy diferentes, el objetivo final de estas acogidas es el mismo: ayudar a los niños. |