Noticia: La policía investiga si el estonio asesinado en Marbella tenía antecedentes en su país
La víctima llevaba un año asentado en una urbanización, tenía una empresa de instalación de saunas y no le constan actividades delictivas en España. En el momento del suceso había al menos una decena de personas en el establecimiento, entre ellos un niño de dos años, hijo de un amigo del fallecido El 'modus operandi' es el de un ajuste de cuentas, pero algo no encaja. El hombre de nacionalidad estonia asesinado el pasado domingo por la tarde en un bar de Marbella carece de antecedentes penales. Llevaba un año residiendo en una urbanización de la ciudad y se ganaba la vida como empresario instalando saunas en viviendas. No le consta historial delictivo alguno en España, lo que ha causado cierto desconcierto entre los investigadores. El caso, se parece a otros ocurridos en Marbella en años recientes, pero hasta el momento el perfil de la víctima parece muy diferente. La policía ha enviado a Estonia las huellas dactilares tomadas del cadáver para confirmar la identificación -aunque en principio su documentación está en regla-, y saber si cuenta con antecedentes en su país que puedan ayudar a dirigir la investigación hacia los posibles autores del crimen. Ayer, la mujer que convivía con él, también extranjera, prestó declaración en la Comisaría de Marbella. Su testimonio, así como el de los testigos del crimen, han contribuido a reconstruir el asesinato, perpetrado por un hombre joven de complexión atlética que actuó acompañado por otro que esperó fuera y que conducía una motocicleta en la que ambos huyeron. Eran las siete menos veinte de la tarde del domingo. La víctima, de 38 años y cuyas iniciales eran K. K., se encontraba en el interior del bar Point, situado en Nueva Andalucía, una zona de urbanizaciones de Marbella. El ciudadano estonio estaba acompañado por otra persona de su misma nacionalidad con quien mantenía una conversación. Junto a ellos se encontraban al menos otras dos personas, éstas británicas, una de las cuales estaba acompañada de un niño de dos años, que presenció todo lo sucedido. En total, había en el bar al menos una decena de personas, incluyendo dos camareros, según fuentes consultadas por este periódico. K.K. estaba sentado en un taburete, junto a la barra y de espaldas a la puerta por donde entró el asesino. No llegó a verlo y, al parecer, ni siquiera se percató de la agresión. Todo fue muy rápido. No hubo palabras. La víctima recibió un tiro en la nuca y se desplomó mientras el pistolero huía. El asesino llevaba puesto el casco de la moto, que no se quitó en ningún momento, por lo que su identificación por los testigos no será fácil. Los policías no encontraron casquillos, por lo que se presume que el arma homicida no es una pistola, sino un revólver. La única pista material puede darla la bala que acabó con la vida de la víctima. |